Biografía de mi esquizofrenia

Rosa

Quiero recordar que mi primer brote psicótico me vino de repente a los cuarenta años y, ¡no me enteré! Me dieron anti-psicótico que me engordó y lo dejé. El único síntoma que tenía era el de manía persecutoria pero lo achacaba a que la gente me tenía manía. Fue indiferente y fácil. Pero el segundo brote, ¡ah!, este brote fue más duro y difícil y complicado. Padecía delirios auditivos. Sí, sí, oía voces. Y la manía persecutoria no había desaparecido. Todos los signos de manual. Lo bueno es que aunque estaba mal me dio por leer y mucho. En un instante de lucidez bajé al médico y me dijo que tenía depresión y esquizofrenia y me derivo a los servicios mentales de mi zona. Me topé con un excelente equipo multidisciplinar que desde la primera pastilla y las primeras sensaciones de mejora me hicieron sentir bien.

Puesta a recordar recuerdo que perdí amigos, trabajo y muchas cosas a lo largo de mis brotes. Tuve pérdidas emocionales que me dolieron mucho. Puede decirse que caí al fondo del pozo de la enfermedad. Estaba dañada y hecha un lio llegue a odiar la enfermedad. No podía aceptarla y me vino una rebeldía absoluta contra ella. No paraba de preguntarme: ¿Por qué a mí? ¿Por qué yo? Era un odio tan auténtico. Me hacía mucho daño…

Visto hoy día me río porque eran fases que tenía que pasar. Hice terapia con gente en mi misma situación y me vino muy bien. Íbamos a comer tras las sesiones. Era algo muy positivo, por fin un recuerdo que me agradaba. Éramos todas mujeres.

También puedo sentirme privilegiada. Tenía un psicólogo que me orientaba y aconsejaba en mis miedos, rabias, etc. Enfadada con el mundo; sólo con mi mundo. Pero el tiempo todo lo pone en su lugar y en su justa medida y con ayuda y con esfuerzo y voluntad conseguí reflotar de nuevo.

Me apunté a una Asociación. ¡Bendita Asociación! Gracias a sus servicios de ocio y sus comidas anuales y sus charlas sobre la enfermedad mental fui recuperándome poco a poco, Fue costoso pero fui saliendo y con el apoyo de mi familia y de la única amiga que me quedó he llegado a aceptarme.

Según ha ido pasando el tiempo me he ido encontrando mejor y me he apuntado a muchas actividades de manualidades, informática, idiomas… Me he ido creciendo y ese crecer me ha hecho no odiar tanto mi enfermedad. No odiarme tanto a mí misma. Conocer gente con problemas similares a los míos también me ayudó mucho. Me di cuenta, a su vez, de que la gente que no padecía enfermedad mental tampoco era tan diferente a mí (yo tomo pastillas). Tenemos las mismas ilusiones, temores, alegrías, alergias y tristezas.

A día de hoy, después de pasar casi diez años arrastrando los diferentes diagnósticos, y si pongo el peso en una balanza es más pesado lo bueno que he ido conociendo y haciendo a lo largo de esta mi enfermedad. Por cierto, llegué a la universidad. Estaba ilusionadísima, fue un gran reto que no llegué a cumplir hasta el final pero lo intente.

Estoy estabilizada. He participado en actividades del tipo baños de bosque y ese contacto con la naturaleza es un estímulo para mi salud mental. Estar acompañada de gente en mi misma situación me ayuda; de gente sin enfermedad también. Procuro estar ocupada, sentirme activa y abierta a nuevas posibilidades. Así pongo freno a la propia enfermedad.

Haciendo balance tengo que agradecer a la gente profesional que he ido encontrando en este largo y arduo camino, camino de rosas y espinas, bello y duro. Ahora estoy estable, cada vez más autónoma y saliendo de mis miedos.

He sido capaz de ir de viaje sola con otras personas con enfermedad mental y sin complicaciones. Son pequeñas grandes cosas de las que me siento muy orgullosa. Vale, es cierto, he ido con la medicación. Esa es la pequeña trampa. O diferencia. Os recuerdo que tener esquizofrenia no es fácil pero tampoco tan difícil.

Me trato y me siento equilibrada, no me salto ninguna pauta. Hago caso al psiquiatra. El mérito de salir de la esquizofrenia es encontrarse con una misma; una diferente y mejor. No quiero complicaciones. Compromiso.

Quiero agradecer a mi familia, a la cuadrilla (la he hecho a lo largo de este tiempo y me arreglo con ellos y ellas estupendamente bien), a la vida por haber salido tan bien parada de la enfermedad. Enfermedad; queda mejor decir experiencia. En primera persona. Y lanzar un grito por el respeto, por la tolerancia, robar de las anécdotas lo que suma y repetir y repetir esta estabilidad que tengo.

Me gusta también estar acompañada y activa, es una manera de superar los malos momentos y de poder con ellos. Decir la enfermedad está perdiendo y yo ganando.

Si me he animado a escribiros es para deciros que de todo se sale, bien es cierto que despacio. Un fuerte abrazo a todos y a todas y a los que como yo sienten su enfermedad sin complejos. Salud para todos y todas. Besos.