El día que recuperé mi memoria

Pedro Catalán Cuesta

Uff… Tic tac, tic tac, pom pom pom… Así comienza mi relato, de cómo superar las barreras en el trabajo, en la vida en general. Comenzaré con el ruido de la lluvia que me inspira. Porque antiguamente me basaba para vivir en ello, en la inspiración, y tenía mucha, mucha imaginación. Sin embargo, con el paso de los años, mi mente se ha ido cuadriculando, menos flexible a los cambios. De la monotonía y la rutina hace un reino, del que pocas veces o casi ninguna se escapa la espontaneidad.

Comenzaré diciendo que yo me creo esquizofrénico, y con eso basta para serlo, pese a que a veces al mundo que me rodea se le olvide, porque en eso se basa el sufrimiento, en el olvido. Trabajo, sí… Madrugo, sí…, aparentemente llevo una vida como la de otro cualquiera, pero no es así. Estoy representando el papel de la normalidad, pero no es así. Decir que a veces no hago, más bien muchas veces, cosas de las que se dicen habituales. ¿Cuántas veces he ido al trabajo sin lavarme la cara, sin desayunar? ¿Cuántas veces no he comido bien, cuantos kilos he engordado por no seguir los cánones de una vida saludable?

¿Cuántos ratos paso en la cama, sin tener por qué estar? Sé que a la vista de todos puedo ser una persona corriente, pero por dentro soy un enfermo que se sobrepone cada día, cada minuto y cada momento. Con los típicos bajones, y con su fuerza, que a veces le flaquea, sabe que por narices tiene que seguir viviendo.

El mayor hándicap a mi entender a la hora de afrontar la vida desde mi punto de vista, y desde la situación mental que llevo, es la falta de memoria. Ojo, me refiero a olvidar las cosas importantes, como las cotidianas en un trabajo. Métodos, seguimiento de reglas y de pautas. Actos repetitivos, benditos, pero que requieren de mucha constancia y de mucho tiempo para tenerlos como norma.

Señores, llevo mucho tiempo superando obstáculos, que incluso me llevaron en una acción desesperada y de honestidad por mi parte de intentar dejar el trabajo, sin embargo, como a vista de los ojos mortales soy uno más… Para memorizar, debo repetirme mentalmente las cosas, pero es tanta información que meto a lo largo de las veinticuatro horas del día, que temo no recordar lo principal. Afortunadamente, poco a poco voy teniendo más confianza en mi memoria, pese a que después de decir esto, el día de mañana, pum... se me habrá olvidado algo fundamental.

No saben lo que sufro con los cambios, pero en mi vida hay muchos, y constantes. El mundo laboral ya se sabe que te exige lo máximo de ti, y yo procuro esforzarme. En tiempos andaba buscando la “cruz de hierro”, por el mérito adquirido, pero lo único que tengo es un día tras otro la misma guerra interior conmigo mismo.

El tanto por ciento de discapacidad del 33% lo he conseguido como algo acreditativo de que a pesar de… ahí estoy. Esperanza ninguna, porque además tengo el inconveniente de ser un esquizofrénico que vive sólo, que tiene que vivir sólo. Todo se junta, para que esa “Croix de ferre” se le otorgue al soldado desconocido. La vida para mí es una continua lucha. Llena de malos pensamientos, de malas ideas, porque sí, señores, los esquizofrénicos tenemos malos pensamientos también, no somos tan pacíficos desgraciadamente, como todo hijo de vecino podría pensar.

Cuántas ideas de envidia, de … por qué yo no…, cuántas malas obras perdidas en la inoperancia de una voluntad dañina. No se puede ser esquizofrénico y ser feliz. Eso sí, se puede ser esquizofrénico y sonreír, porque en eso se haya la clave de la felicidad. La imagen que das. ¿Y cuál es tu imagen?

No me atrevo, a no decir la verdad, no me atrevo por miedo a la mentira que es mi vida, pero señores, ahí sigo. Cada día yo me levanto, cada día hablo, me relaciono, trabajo, ficho en una máquina. Soy esquizofrénico y lo estoy superando a base de pastillas que me impiden conducir, o más bien tener el carnet si no es renovado cada año. ¿Para conducir sí, y para trabajar no soy esquizofrénico?

Después de llorar, voy a dar la esperanza de que se puede si se recupera la memoria, pese a la interminable laguna de ideas, de historia, de recuerdos, de pasados sin cerrar. Recuperen la memoria y salvarán sus vidas, es mi consejo para tener una vida medianamente potable. Eso sí, no serán felices, pese a sonreír. Te quiero a ti, que estás leyendo este escrito, porque formas ya parte de mi vida. Aquí en la soledad de la noche, y ya sin la inspiración de las gotas de lluvia. Esperando el mañana, el levantarme, el seguramente no ir con la cara lavada, seguramente sin desayunar… porque digo seguramente, pero sé a ciencia cierta que así es.

A ti, amigo esquizofrénico, lucha, pelea, no te des por vencido. Cada paso que des es un triunfo. Cada lágrima que ya no te salga por tus ojos, porque te has cansado de llorar interiormente, será como el logro de pisar por primera vez la luna. Descubre, abre la mente, intenta aprender… No todo está perdido en tu mente agrietada por el sufrimiento. Dile a la vida que, pese a tu enfermedad, vas a salir de cada día. Porque cada día será un reto, una valla que saltar.

Soñar que estás en otro lado, pero estás aquí, soñar con canastas imposibles, con música de otra época, así paso el tiempo, pero oh, la luz, cada vez estoy más conectado a la realidad, gracias a la gente que me rodea. Gracias a vosotros que estáis leyendo esto. No os prometo que saldré airoso de todos los días, pero sí que el día de mañana ahí estaré procurando con mi sonrisa ocultar la realidad.

Allí, en lo alto de colina, subiendo riscos, sorteando piedras me encontraréis. Deseando, tal vez, que las noches no sean tan largas y los días tan cortos. Deseando dormir ocho horas, sólo le pido eso a la vida. Fijaros con qué poco me conformo. Ocho horas de sueño. Ah, no os lo había dicho, pero he ido al trabajo muchas veces sin apenas dormir… Es o no es de cruz de hierro mi corazón.