El Zipo

José Luis Hervás

Nací en Cuenca en un pueblo llamado Gascueña. A los dos años nos trasladamos por trabajo de mi padre a una pedanía llamada Nogales. Llegué con casi dos años y a los seis me llevaron a un internado “ el Carmen “y de ahí a otro colegio, como nos fuimos los siete hermanos no noté tanto la falta de mis padres, realmente toda mi infancia había sido así, no se me hizo duro, pensaba “ es lo que toca”.

Allí notaron los primeros síntomas de mi enfermedad, le dijeron a mis padres que yo “hacía cosas raras”. Los fines de semana que mi padre podía, nos venía a recoger, a veces en el tractor con el que trabajaba, y ahí nos montábamos todos, como la pedanía quedaba más cerca, pasábamos el fin de semana ahí. No tenía agua corriente, ni tampoco servicio, así que nos bañábamos en la piscina del jefe de mi padre y mi madre lavaba la ropa en la fuente frotándola a mano sobre una tabla.

Los veranos eran divertidos, solo había tres familias, pero todas tenían hijos, así que nos juntábamos a jugar, fue una época muy especial.

Cansados de que viviésemos separados, mi padre pidió un piso de protección oficial en la ciudad, era la primera vez que estábamos todos juntos, algo nuevo para toda la familia, yo tendría unos diez años.

A los 17 ya detectaron mi enfermedad, no había psiquíatras y tuvieron que venir de Madrid, hablaron conmigo un buen rato, también con mis padres y me preguntaron que si quería seguir en casa o irme a Hospital donde me podrían ayudar. Allí solo estuve un mes, no me encontraba bien, solo pensaba en regresar con mi familia. Cuando llegue a casa y me tome más medicación de la que me correspondía, me fui a jugar a las máquinas y perdí el conocimiento, cuando desperté estaba de nuevo en el Hospital. La estancia allí no fue fácil, había compañeros que estaban muy mal y yo no siempre los entendía.

De nuevo me dieron el alta y me empecé a juntar con un grupo de amigos del barrio, la forma de relacionarnos era siempre con alcohol, drogas… yo solo porros. Pero ellos empezaron a ir un paso mas allá, empezaron a delinquir, pequeños robos al principio unas monedas del coche, luego ya en supermercados, así que me separe de ellos.

Recuerdo que un día que estaba en el parque me llamo mi madre “tienes que subir a correos”, era una carta del Inserso que decía que me daban una pensión de solidaridad de unas 17.000 pesetas y que tenía una discapacidad del 45%. A los dos meses me llamaron, nos pidieron informes y después nos dijeron que mi discapacidad era del 65%, yo no sabía muy bien lo que había cambiado, tampoco lo que suponía tener mas grado de discapacidad,.

A los 25 años comencé a trabajar de tapicero pero sin contrato de trabajo, luego como vendedor de cupones. A los 35 años tuve un accidente de coche, me encerré en casa y lo único que hacía era fumar y fumar, no me interesaba nada de la vida, veía la televisión, oía música.

Un día sin pensarlo dos veces me tomé una caja entera de pastillas, recuerdo que tenía una cinta de ACDC en directo ,“Live”. Subí el volumen al máximo, se oía en toda la casa, estaba solo, me familia se había ido a un balneario y mi hermana a trabajar, solo se oía la música, mi música a todo volumen, empezaba a sentir el cansancio. Fui a encender un cigarro pero como estaba muy nervioso el cipo se cayó al suelo sobre la alfombra y comenzó a arder, intente buscar agua, recuerdo que fui al baño, pero acababan de poner mampara y no veía donde estaba los cubos, me costaba pensar, me pesaba todo el cuerpo y las llamas iban aumentando, cogí un cuchillo en la cocina, no sé bien para qué, vi que las llamas seguían así que abrí la puerta y recuerdo el sonido del portazo al cerrase detrás de mí, me volví para abrirla, pero las llaves se habían quedado dentro.

Como pude llegué a la calle, me senté en la acera tremendamente confuso con el cuchillo en la mano y viendo las llamas de casa por la ventana, la gente me miraba desde lejos, un vecino se acercó y me dijo que mi casa estaba ardiendo, pero yo no quería saber nada, no podía hacer nada.

Una ambulancia me recogió y desperté en una unidad de agudos, solo recordaba que mi casa estaba ardiendo, había un chico que era Testigo de Jehová que me decía que no me comiese la cabeza. Nadie de mi familia me vino a ver, pocas cosas pudieron salvar y se tuvieron que trasladar a vivir a casa de un familiar.

Cuando llevaba varias semanas vino mi madre a verme, le explique lo que había pasado, que no había sido a propósito… pero gran parte de la casa se había quemado. Se trasladaron a casa de mi hermana y habían tenido que pedir dinero prestado para poder empezar a arreglarla.

El mismo día que falleció el Papa Juan Pablo II cayó una tremenda nevada, el psiquiatra me dio un permiso de salida, me acerque a casa de mi familia para poder verlos pero mi cuñado me bloqueó la entrada, solo quería verlos, quería ver a mis padres y pedirles perdón. Nadie salió a mi rescate, la calle estaba fría, seguía cayendo nieve y mi ropa no era la más adecuada, temblaba entero y el dolor me invadía. Un vecino me vio en esta situación y me dio ropa de abrigo.

Regresé al centro aterido de frío. No tenía tabaco, ni dinero, nadie me visitaba y el tiempo se me hacía eterno. Un día un vecino se acercó a verme y me trajo tabaco, ¡cómo se lo agradecí! Nadie me daba permiso de salida el fin de semana, hasta que mi padre comenzó a venir a verme, pedía permiso y me salía con él, pero como no podía ir a casa de mi hermana, esa noche la pasábamos los dos en una pensión, pero el dinero escaseaba y cada salida se iba un dinero.

Al final nos fuimos al pueblo a casa de un tío. Pronto puso un huerto y allí pasábamos la mayor parte del tiempo los dos. Cuando ya arreglaron nuestra casa, la que se había quemado, solo me dejaban ir de visita, no podía quedarme a dormir, solo se me permitía de visita y siempre que hubiese alguien en casa.

Me trasladaron a otro centro, más cerca de mi casa y se supone que ya pudiendo hacer más cosas, pero pronto me empecé a juntar con quien no debía, empecé a pasar droga y claro está, me pillaron.

Así fui dando trompicones de un recurso a otro, UME, Residencia Comunitaria… hasta llegar a una Unidad de Larga Estancia. No sabía lo que pasaba, pero cada vez que intentaba repasar mi vida veía cómo esta se iba complicando y cuando ya creía que no podría estar peor, la situación empeoraba, pero tampoco sabía que podía hacer para que esto no fuese así.

Comencé a fugarme hasta que al final me incapacitaron judicialmente y nombraron a mis padres como tutores. Vine con 75 kilos, hoy día peso bastante más. En la Residencia Comunitaria comencé a valorar y a participar en los diferentes talleres, cocina, prensa... Y poco a poco fui viendo que las cosas se podían hacer de otra manera, mi enfado con el mundo fue bajándome la impulsividad, con el dinero iba controlando poco a poco.

Hoy en día me encuentro mucho mejor, me sigue gustando mucho la música, tengo una buena colección de CDs, me encanta la música, creo que me llena tanto que no deja hueco para ninguna otra cosa, me gusta el gevi metal, rock. Mi teléfono está lleno de música, hace que mi tiempo transcurra de otra manera, disfruto oyéndola, sé que hay cosas que aún puedo cambiar y otras que no, pero lo que tengo claro es que quiero vivir, disfruto viviendo, no hago nunca planes, solo me preocupa saber qué pasará cuando mis padres no estén. Pero creo que estoy preparado para vivir solo, hacer mi vida.

Me dijeron que tenía esquizofrenia simple y trastorno bipolar. Siempre me pareció que al decir simple era por ser menos grave. Me preocupa más mi parte bipolar que la esquizofrenia simple, pero aún así veo futuro y quiero formar parte de él.