EN EL ARCOIRIS…

Gonzalo Sánchez del Pozo

¿Ser?, ¿A estas alturas de la película nos preocupamos – _me preocupo - por el «ser»?

¿Quién no ha querido «ser» algo? No sé, ¿Bombero, ingeniero, médico o payaso de circo?

Pues sí; debajo de todas esas capas que conforman al ser humano, aunque desgraciadamente muchos solo conciben a la persona en tanto que produce, nos encontramos al «ser».

Cuando alguien tiene el suficiente conocimiento como para llegar a ese «ser», casi tanto vale un terapeuta o un amigo o incluso tú mismo, es cuando las cosas se ven con mayor claridad, o al menos ese ha sido mi periplo.

Es en ese momento en el cual te descubres a ti mismo y descubren – _descubres – _cual es el motor que puede dar impulso a tu vida.

Descubres – _descubren – _que el tono gris de tu vida también es un color de arcoiris, y que es gris porque muchas veces no puedes dar otro color en las fases más agudas de la enfermedad.

Además, es un gris que no es estático, que puede mutar hasta convertirse, no sé, en un color rojo pasión o en un color verde esperanza, que pueda animar tu vida – _si hablo de alguien con enfermedad mental – _a unos niveles inimaginables.

A partir de ese momento, ¿podríamos hablar de recuperación de la persona?, descubres que encontrar los otros colores del arcoiris, ha puesto también en tu mano, inopinadamente, una paleta de colores, un conjunto de pinceles y un lienzo en blanco.

Un lienzo en blanco que sustituye a otro, que has tenido que ver durante muchos años de tu vida, y que estaba conformado por trazos solo negros, a pesar de que se pudiesen ver algunos ribetes grises.

Un lienzo en blanco en el que tú te has convertido en artista, en una especie de demiurgo que va a tomar las riendas del pincel, y no como hasta ese momento en el cual dibujabas exclusivamente al dictado.

Pues en ese primer lienzo, el marco lo había labrado yo, durante bastantes años, a base de lecturas semiclandestinas de libros.

En esos volúmenes, que había devorado, yo podía ser desde un pirata de las costas de Borneo a un espía británico en el Berlín el III Reich.

Había aprendido, a base de grandes novelas, a tener el espíritu de un aventurero en ciernes, aunque la mayoría de esas aventuras fuesen virtuales.

Si el marco lo había construido yo, uno de esos lienzos, una gran tela donde cabían muchas aventuras, vino de la mano de AVIFES, Janssen y el equipo de Al filo de lo imposible.

Dichas aventuras finalmente se concretaron con un viaje en globo, un descenso en canoa por rápidos y como «guinda del pastel», una ascensión a una de las cimas más emblemáticas de España, el Naranjo de Bulnes.

Además de Mariano, Bernabé, Ramón, Juanjo, Paco, Juanito, Maher… contábamos con Sebastián Álvaro comandando la nave, un timonel de brazo firme y de natural lacónico, como corresponde a un aventurero de altura.

Tal como nos dijeron, aquella aventura en la que participamos nos hizo volver a nuestro terruño completamente transformados. Parecía mentira, pero ese tono gris que nos había acompañado durante buena parte de nuestra vida se convirtió en una explosión de color.

Tras la aventura, casi un viaje iniciático, teníamos en nuestras manos una nueva paleta de colores, un buen número de nuevos pinceles, y algo todavía más importante.

Descubrimos – _descubrí – _que si miramos en nuestro interior, también tenemos las herramientas para construir una enorme cantidad de lienzos blancos donde poder pintar y dibujar.

Aunque muchas veces, por la enfermedad, resulta duro construir esos lienzos y coger los pinceles y la paleta de color y dibujar y pintar, yo, en poco tiempo he compuesto varios nuevos cuadros.

Y por supuesto los he llenado de colores, pero no de los monótonos y apagados que se me suponían como persona con enfermedad mental, sino colores límpidos, vívidos y con una gran temperatura.

A mis lienzos ahora les aplico, a veces en demasía, el rojo pasión, un color verde esperanza, o el azul del progreso y la armonía.

Uno de los cuadros que comencé el año pasado y que terminaré lo antes posible, aunque no puedo decir cuando, se llama Universidad Nacional A distancia.

En la pintura he mezclado enormes cantidades de constancia, mucho gusto por las letras y he utilizado algo de disolvente para evitar altas concentraciones de estrés y ansiedad.

El disolvente, que por ahora me funciona de perlas, se llama ejercicios relajación y llegado el momento saber desconectar.

Cuando termine este lienzo, su título será Grado en Lengua y Literatura Españolas; hasta es posible que se convierta en una serie de cuadros, y uno de ellos, me encomiendo a la providencia, es posible que se titule doctorado.

Otro de los lienzos, éste utilizando colores oxidados, homenaje a la cuenca minera y a la industria de transformación del hierro abundante en la tierra que me vio nacer, se llama trabajo.

Para pintar este cuadro existe una serie de condicionantes externos a los pinceles y la paleta de colores, esto es, necesitas que alguien te encargue el cuadro y te pague por él.

Como alguno se habrá imaginado después de leer estas líneas, me dedico a escribir, fundamentalmente orientado a internet; y bien es cierto que alguien te tiene que contratar para que escribas para él.

Pero cuando hay sequía de clientes, siempre te puedes dedicar a trabajar de manera no remunerada o presentarte a concursos literarios, como es éste. Lo importante es no cejar en el empeño, ser constante, y en mi caso seguir escribiendo: lo que sea, cuando sea; finalmente, lo único que se necesita para este oficio es ideas, ganas, y un ordenador con un procesador de textos.

Todavía no sé cuáles serán los lienzos que pintaré en los próximos años, pero tengo unas ganas locas, aquí la experiencia es un grado, de seguir derrochando colores calientes de esos que dejan una huella indeleble de por vida.

Unos lienzos que estén repletos de seres humanos, con enfermedad mental o no, con los cuales compartir este viaje, desgraciadamente sin retorno, que es la vida.

A ti, sí a ti que estás leyendo este texto y que sufres de enfermedad mental te quiero decir que ¡ánimo!, por muy malas experiencias que te haya deparado la vida, consuélate por el hecho de que la vida va hacia adelante, nunca hacia atrás.

Y por lo general, la vida nos da sorpresas, muchas veces buenas sorpresas, muchas veces solo hay que saber buscarlas, con detenimiento y tenacidad todo se puede, o al menos casi todo se puede.