Hoy sí

María Jesús García de la Villa

Después de recibir un diagnóstico de una enfermedad mental como es la esquizofrenia, hace unos 4 años, después del primer impacto, de la angustia del principio por el desconocimiento sobre la sintomatología y la incertidumbre acerca de la evolución y funcionalidad de la vida con un tratamiento, pude plantearme 2 opciones: vivir con ello o padecerlo. 

    La salud es uno de los aspectos más importantes de la vida, sino el más importante. Todos deberíamos ser conscientes de que nuestra salud también es algo sobre lo que podemos decidir, mejorar, cuidar y vivir, no solo el médico es responsable de su desarrollo, así que elegí no sé si vivir o intentar sobrevivir con la mejor salud mental que he podido permitirme. 

        Mi proyecto de vida empieza así, dejando de esconderme, tratando de seguir adelante sin etiquetas, disfrutando al máximo de las cosas que me gustan, leyendo, viendo más cine, perdiéndome por las tiendas y las calles de la ciudad; aprovechando el tiempo, me fui por primera vez  de vacaciones, visito a mi madre con asiduidad, duermo hasta tarde cuando me lo puedo permitir, salgo en bicicleta a menudo, intento ponerme lo más guapa que puedo verme. 

      Elegí hacer frente al miedo, a la soledad de muchos, muchísimos momentos, y no victimizarme refugiándome en esta enfermedad. 

     Me di la oportunidad de abrir mi desgastado y roto corazón a nuevas personas que fueron apareciendo en el camino, personas de esas con las que te sientes por fin en casa, que desde su alma miran a la tuya. 
 
   Al enfrentarte a un diagnóstico cualquiera, sólo tu mismo puedes elegir con qué vas a quedarte de su proceso, que quieres de ti, sólo tu puedes permitirte hacerle frente e intentar ponerle límite, sólo tú puedes tratar la enfermedad que tienes, porque es tuya, y si aún estás en el momento de ser fuerte ante ella quizás se asuste por mucho tiempo y por muchas veces. 

    Me he matriculado en varios cursos, quiero, en algún momento aprender a bailar, a veces salgo a comer o cenar, actividad con la que también disfruto mucho, y si puedo permitírmelo tal vez me traslade a la capital. 

    Vivir en Madrid o sus alrededores, es un sueño. Un proyecto de estudio y que allí vive una buena amiga, es lo que me anima a idear esto, a ilusionarme con visitas a sitios típicos, excursiones, hasta a ilusionarme con conocer el supermercado del barrio. 

     No sé si tengo un proyecto de vida como tal, si a querer construir mejores relaciones en mi vida, a conocer nuevas personas, a tener ilusiones, ideas, retos, a ser consciente de que sigo aquí, que todavía puedo, se le puede llamar proyecto de vida, ese tal cual, es el mío. 


    Crecer como persona, sonreír mucho más, abrazar, besar, amar, vivir… 

    Decir cada día hoy NO, NO pienso rendirme ante las pequeñas dificultades, NO voy a creer más a esa parte de mí misma que a veces me destruye, NO  voy a acomodarme en la autocompasión, y NO voy a dejarme perder. 

    Al contrario de todo esto, hoy será una experiencia vertiginosa, llena de descubrimientos, de momentos que construyen grandes recuerdos, de cansancio, por el esfuerzo realizado al completar un día pleno. 

    Al final  todo es una cuestión de esfuerzo, disciplina, apoyos, respeto, amor y fe. 

    Fe en uno mismo, en la vida, en los demás, ellos te dirán que TÚ puedes, pero realmente funciona cuando  tú sepas que puedes, tú creas que puedes y tú te digas que puedes. 

     Resumiendo: que vivir la enfermedad se quedé en una experiencia puntual, y deje paso a una historia de vida. 

    Ese es el fin último de mi proyecto de vida.