La central nuclear

José Luis Navarré

Este mundo tan natural y sobrenatural en el que vivo, he vivido y supongo viviré, me acompaña desde la niñez. Quizá ya estuviera predestinado desde el vientre de mi madre a la situación actual en que vivo.

Me llamo Jose Luis Navarré, tengo 52 años de edad y estoy diagnosticado de una enfermedad mental que han definido como esquizofrenia. No puedo, o quizás sí, delimitar esas dos fronteras que puedan definir mi vida, un antes y un después de la enfermedad. Creo que va unido.

Busco en los recuerdos de mi niñez matices que logren explicar, definir quizás, lo que posteriormente me ocurriría. Recuerdo cosas surrealistas que ahora no son normales para mí, pensándolo fríamente, pero reconozco esta isla en la que vivo, no elegida por mí, sino que viene de los ancestrales genes que influyen a las personas, que nos condicionan a una vida no elegida para la que no había otra alternativa.

De mi juventud tengo más recuerdos que de mi niñez, por ser un pasado más reciente. Un tanto alocada fue mi época de joven, fui buen estudiante pero con la ley del mínimo esfuerzo. Apretando espuelas cuando se requería, llegué a aprobar el primer curso de la carrera de derecho en la Universidad de Valencia.
Ya es algo, digo yo, pero no bastante. Me estanqué. Perdí los estribos y me dejé llevar por un pasado que me hizo zozobrar. No, no estoy quejándome ni diciendo al lector que vivo mal o quizás no acepto mi enfermedad, pero me dejé llevar.

Cuando uno no está a gusto consigo mismo, lo peor que se puede hacer es ir contracorriente, luchar contra el viento. Esto no es una tarea fácil. Lucho día a día con mi enfermedad y cada vez soy más consciente de que no debo tirar la toalla. Esto es para toda la vida, pienso, y me resigno.

¿Que si soy feliz?, me pueden preguntar ustedes. Bueno, no soy infeliz. Poco es mejor que nada.

Me refugié en la lectura, la música y sobre todo la poesía. Este factor de mi vida, esta faceta de poeta es lo que ha llenado mi vida. He plasmado cada momento, cada etapa de esta procesión interior, y la he plasmado con palabras.

Por cierto … "palabra" … ¿Acaso no es la palabra más bonita jamás inventada?

Abajo les doy una muestra de mi obra, espero que les guste y confío en que al leer esto no piensen que soy distinto, sino diferente.

Mi proyecto es que lo que yo escribo, mi evolución con la enfermedad, esta carrera de fondo, haya quedado plasmada en el papel a modo de testimonio, de cómo me he sentido en cada momento.

Me gustaría ser conocido. Si usted, paciente lector, se sintiera atraído a leer mi obra y quisiera entender cómo es el proceso de mi enfermedad, podría diseñar en su mente un dibujo abstracto hecho con palabras plasmadas en el papel.

Mi sueño es editar un libro o publicar algún poema en alguna revista. Si usted está interesado en esto, puede hacer llegar su interés a la sede de ASIEM, que es una asociación valenciana de ayuda a gente con enfermedad mental.

Este es el poema que quiero compartir, uno de muchos que he escrito.

Rompiste mi universo,
con aquel primer beso.

Vivía en un mundo cáscara de nuez,
en una nube oscura
rellena de agua lista para llover.

Había pecado contra mi voluntad
al juntar mis labios con tu dignidad.

Voló el alma a un cielo evanescente
y tu con ella.

Habías pasado a ser una burbuja inmaterial
ajena a mis neuronas
en la central nuclear de mi espíritu inmortal.

Gracias por su paciencia y por haber dedicado su precioso tiempo a leer este texto.

Sin más, se despide de usted un amigo y servidor.