Relato de mis experiencias

Ana Ramos Lema

Mi experiencia como enferma mental comienza aproximadamente hace 7 años.

Mi vida y mundo cambió de un mes para otro, sin duda, fue una de las peores experiencias de mi vida.

El caso es que me encontré de pleno en un mundo del que apenas se sabe nada y del que nadie desea saber o conocer.

Los conflictos no solo fueron internos, sino más bien externos. Me encontré con que, a pesar de estar fuera del país y mi familia no saber nada, logré regresar y solo escucharon a mis familiares. Y así lleva siendo 7 años.

La verdad está en el paciente, pero solo veo en los expertos ansia de preguntar a los familiares, que en mi caso según quién fuese conmigo, cambiaba automáticamente el diagnóstico (hasta 3 he tenido), regulados en los distintos 4 ingresos que he sufrido.

A pesar de esos 4 ingresos y esos 3 diferentes diagnósticos, me he superado a mí misma. Logré tener trabajo, mantenerme y vivir sola. Problema, no estaba bien, pues en mi opinión he sido rata de laboratorio. Tristemente he sufrido la agonía de tener que tomar hasta 17 pastillas y aún así estudiar o trabajar.

A raíz de este último ingreso, en el que tampoco fui escuchada, tuve mucha suerte. Probaron otro tratamiento y logré superar mi mayor problema… Las continuas depresiones que tenía a raíz de muchos problemas desde la infancia ajenos a mí, pero que me dolían.

Hoy por hoy, voy a un CPRL donde estoy como en casa gracias a la monitora que es maravillosa y mis compañeros que me escuchan y ayudan.

Pero es insuficiente, señores y señoras. ¿Creen que la solución para un enfermo mental es probar tratamientos o ponerlos en centros especiales?

Mi opinión es que no.

Me veo discriminada, aislada socialmente, sin trabajo, razonando para escribir esto, con la mente libre y despejada, tranquila pero cabreada.

Vivo sola y feliz, soy sociable, tengo sentimientos como todos ustedes y me siento capaz de hacer muchas cosas.

Capaz de conducir, vivir, trabajar, reír, caminar, defender mis derechos y gritar que no soy una discapacitada psíquica. Que simplemente soy una persona que ha tenido una enfermedad que tiene solución con el correspondiente tratamiento y un buen trato.

Un buen trato que raras veces encuentro por los estigmas sociales a raíz de que me ven en un centro para enfermos mentales (que no crean que me avergüenza). Todo lo contrario, me enorgullece, porque yo no tengo por qué esconderme, no tengo por qué sentir miedo.

Pero los expertos nos limitan, nos dan pautas, nos dicen qué es correcto o no, nos engañan con los efectos secundarios que todos sabemos que existen, no nos dan soluciones, no nos escuchan, nos silencian con más pastillas para estar tranquilos.

Entonces es cuando yo me pregunto. ¿Quién es el enfermo? ¿Quién es el loco? ¿Quién ayuda?

Les diré muy profundamente que nosotros mismos. El tratamiento es un medio de paliar síntomas, ¿pero nos buscan apoyo? La respuesta en no.

Algo que me molesta es que el profesional llama al paciente, pero entra la familia. ¿Están ustedes bien? ¿Quién es el enfermo? ¿La familia o el paciente?

No se han parado a pensar que no todos tenemos la fortuna de tener una familia que nos ama o nos apoya…

Algo que escucho en el CPRL por parte de la psicóloga es que el diagnóstico es lo de menos. Pues he de decir que a mí sí me importa y mucho. Porque sinceramente, ser enfermo mental es una cosa, pero no es lo mismo el grado, porque la medicación es diferente y ustedes que tienen carrera lo deberían saber mejor que yo, que estudio por libre mis derechos como enferma mental y mis tratamientos.

Y todo esto lo digo con naturalidad, porque entre mi familia y los profesionales que no me escucharon, he sufrido 7 años hasta que me tocó la lotería y dieron el fármaco correcto.

Menos mal que soy yo la que debe pensar y reflexionar y aceptar. Pues siento decir que igual para ustedes somos pacientes, pero soy humana también y tengo lo mismo que decir o pensar que ustedes.

Finalmente tras relatar mis inquietudes y vivencias y pensamientos comienzo con mi proyecto de vida.

Mi idea es tomarme este año como sabático y en 2019 comenzar mi nueva vida, llena de retos y experiencias reales y satisfactorias.

  1. Trabajar.
  2. Vivir libre y feliz.
  3. Estudiar en mis ratos libres idiomas, ya tengo en mi mente 11. Me falta el francés, lo dejé para el final.
  4. Si surge amor le haré y seré feliz, sino, sigo sola que soy feliz igual.
  5. Si el 4 se da y hay estabilidad, formar una familia, tengo el derecho a ser madre, nadie me lo va a impedir.
  6. Dejar el pasado atrás y olvidar que entre mi familia y los profesionales he perdido 7 largos años de mi vida.
  7. Demostrar que no solo estoy muy cuerda, sino que además me dedicaré en la medida de lo posible a reivindicar que los enfermos mentales son personas humanas maltratadas en centros psiquiátricos y no escuchados.
  8. Y ya por último, espero algún día sacar por la UNED Derecho, no solo para crear derechos, sino ayudar de forma altruista a enfermos mentales que sufran lo que yo he sufrido.

Quizás mi relato no será publicado, pero si leído.

Con eso me basta.

Gracias por su tiempo y ante todo, ayúdennos como es debido. No con palabrería y fármacos que nos derrumban. Esa no es una solución, es una tortura inhumana.