Relato Nº 1

Anónimo

Voy a intentar resumir mi vida con mi enfermedad, lo que yo creo que me llevó a ella o simplemente la tenía en mi cerebro.

Desde niño siempre he vivido con miedo, tenía los síntomas muy claros de lo que yo creo que me ocurrió mucho después, el miedo me atenazaba, no me dejaba desarrollarme personalmente, los malos tratos eran continuos. Desde muy pequeño supe lo que es la represión, continuas palizas, vejaciones y en algunos casos, abusos sexuales por parte de un compañero de clase. Vivíamos en un ambiente muy hostil en el que la libertad no existía, la educación recibida era a base de palos, así que esto creo yo que influía muy negativamente a mi educación y, sobre todo, en mi posterior vida como adolescente y no digamos ya como adulto.

Los síntomas del miedo estaban muy claros, las noches las pasaba con la luz encendida, me hacía pis en la cama hasta una edad muy avanzada, y además era sonámbulo. Todas estas cosas creo que influyeron en lo que posteriormente se convertiría en el brote esquizofrénico que sufrí (si algo caracteriza a la esquizofrenia es el miedo que tienes a que alguien te haga daño). Mi juventud fue tener que trabajar a una edad muy temprana (14 años), en ese tiempo en la fábrica pasaba exactamente lo mismo que en mi edad escolar, los insultos por parte del jefe, el total desprecio hacia mi persona, las vejaciones, el miedo a ser despedido, el buscarte la vida, etc.

Pasaron los años y me encontré también muy joven en otra encrucijada, apenas tenía 26 años cuando el trabajo empezó a escasear, el jefe no nos daba ninguna alternativa, el día a día era ir a la fábrica con horarios nada habituales para que no pudiéramos conversar entre nosotros. Psicológicamente era matador llegar a un sitio y no hacer absolutamente nada: ni trabajamos, ni cobramos. Sin ninguna expectativa, ni a corto, ni a largo plazo. Así estuvimos un año, nos decía que él no despedía a nadie, que nos buscáramos la vida en otro sitio cuando había en España una crisis tremenda, y no veíamos otra salida que marchar… ¡pero a dónde!

A través de un amigo encontré trabajo en Madrid. Los nervios por lo desconocido se me agarraban al estómago y no podía ni comer, incluso tenía dificultades para respirar. El trabajo no era nada sencillo, tenía que trabajar en el cobro de impagados de una financiera, fue una decisión que tuve que meditar mucho, ni siquiera sabía cómo se entraba en Madrid desde Segovia, como para moverme por Madrid en busca de gente que no pagaba.

Decidí irme a Madrid. Al principio, mi amigo estaba conmigo y me ayudaba en lo que pedía, pero pasados unos meses él se fue a Alicante y me quede completamente solo. El trabajo psicológico fue enorme, todo era nuevo para mí, me tuve que buscar la vida de una manera enorme. Cuando cerró la pensión donde estaba, tuve que alquilar un piso con otros compañeros que ni siquiera conocía. Pasado el tiempo pasé a formar parte de la plantilla de la financiera (digo a formar parte porque anteriormente era autónomo). Parecía que al fin iba a encontrar la tranquilidad en mi vida, pero tampoco fue así, yo tenía una forma de vestir que al parecer no cuadraba en la sintonía de los demás compañeros, los continuos comentarios sobre mí ropa, las miradas… Hacía que me sintiera cohibido en mi día a día, eso pesaba como una losa. Así transcurrían los días y se iba alimentando lentamente lo que me ocurriría después.

En el trabajo tenía que estar aprendiendo cosas nuevas continuamente hasta que vino una compañera nueva y aquí empezó todo. Desde muy joven me obsesionaba mucho con las chicas, pensaba que era amor, cuando lo que realmente era obsesión. Esta chica no hizo más que buscarme las metas para que me fijara en ella, sabiendo que había otra compañera a la que yo le gustaba muchísimo (y digo le gustaba porque fue ella misma la que me lo confesó), entonces había una guerra continua entre estas dos mujeres que se agravaba porque éramos todos compañeros de trabajo.

Estaba yo tan débil que todo lo que acontecía allí, no hacía sino agravar mi situación. Entonces empezaron a aflorar los celos por todas las partes, poco a poco me vi en una situación muy embarazosa, empecé a tener síntomas de lo que primero que estaba empezando a ocurrirme (psicosis reactiva).

Al cambiar nuevamente de departamento, esta mujer se dedicó sistemáticamente a captar mi atención. A mí no me gustaba ella. Yo quería a una chica que era de Segovia con la que me veía cuando iba a esta provincia. Las compañeras se dieron cuenta de lo que estaba pasando. Los comentarios se hicieron virales y yo en medio atrapado como un animal en un cepo, cuando lo quise dejar ya era demasiado tarde. Se juntó el estrés, la desconfianza, el no comer, Madrid, la psicosis, en fin… una bomba de relojería. Entonces comenzó todo, empecé a oír voces, ruido, mensajes que iban dirigidos a mí, llegué a pensar que era todo normal, que era real, que había hecho algo malo, volvía a recordar el pasado y lo veía lógico, pensaba que había robado a la financiera, tenía miedo que mis compañeros en represalia me pasearan desnudo por la empresa porque creía que había hundido la empresa con mis artimañas. Empecé a ver visiones.

Las alucinaciones fueron a más. Tenía la cabeza que me daba vueltas en un círculo vicioso que no paraba de girar, deje de asearme, no me afeitaba, no me duchaba, llevaba siempre la misma ropa puesta, cuando decidí salir de casa me perdía por Madrid, el metro que dominaba perfectamente era como una barrera infranqueable. En el trabajo me pedían explicaciones por la falta de asistencia, me decían el motivo por el que faltaba y no sabía si había estado allí el día anterior o habían pasado varios días de ausencia. En el trabajo todo iba cuesta arriba, me sentaba junto a la pantalla del ordenador y no era capaz ni de meter la clave de acceso, llegaba la hora de comer y apenas comía, todo lo que hacía era fumar mucho, no encontraba la salida a esta situación, la enfermedad no me dejaba pensar.

Recuerdo que nos iban a trasladar de sede a las afueras de Madrid, se me hacia un mundo solo de pensarlo. En realidad se me hacía un mundo todo, hasta lo más cotidiano. Como comprenderéis no veía la forma de salir de este dolor psicológico tan impresionante, la única vía que veía factible era quitarme la vida.

La gota que colmó el vaso fue cuando el padre de un compañero de piso dudó de si estaban las cuentas del alquiler de su hijo en orden. Se me vino el mundo encima, cogí el coche y mi idea era despeñarme en cualquier barrancal para que se acabara esta pesadilla.

Los viajes en el coche de Segovia a Madrid eran cortos, no me daba ni cuenta cómo podía haber llegado, siempre con la mente obsesionada con los mismos temas. Volviendo a la noche que decidí quitarme de en medio, no sabía el sitio donde elegir para salirme con el coche, hasta que llegué a un restaurante a comprar tabaco. Estando en el coche encendiendo un cigarrillo, el restaurante cerró. El hombre le dijo a la mujer que estaba con él que si había puesto la alarma, entonces pensé que me conocían y que probablemente les iba a atracar. Entonces salí a toda velocidad del aparcamiento y pensé que habían cogido mi matrícula. Dos meses después salió en las noticias que habían atracado ese restaurante, entonces tuve miedo de que vinieran a por mí. Pero eso fue a posteriori.

Aquella noche después de visitar el restaurante, cogí de nuevo el camino hacia Madrid. En el trayecto decidí que había llegado el momento de salirme de la carretera. No me explico cómo me salí en una curva, y el coche se paró en seco por la arena y no me hice daño alguno. Ya no podía volver a intentarlo, pues el coche quedo inservible. Otra vez que tuve suerte. En medio de la nada apareció una patrulla de la Guardia Civil de Tráfico, ellos me llevaron nuevamente a mi casa, pero al dejarme al lado de casa comprobé que las luces estaban apagadas. Al abrir la puerta de casa, las luces estaban encendidas con mis compañeros viendo la televisión. No daba crédito a lo que estaba pasando, la salida con el suicidio se hacía cada vez más latente.

Al levantarme retomo la idea de quitarme la vida. Yo buscaba la vía que me resultara menos dolorosa y os aseguro que no es nada fácil, pensé que la acción menos dolorosa sería meterme en el baño y cortarme las venas. Tampoco lo conseguí.

Desesperado llamé a mi familia. Se presentó allí mi hermana con mi madre y fue muy doloroso para ambas, cuando me vieron con las muñecas abiertas, el dolor y el llanto fue estremecedor. Llegamos a Segovia bastante tarde para que me curaran las heridas en urgencias (me cosieron y no sentí nada de dolor). Fue la noche más difícil de mi vida, oía comentarios entre los enfermeros que me parecían que iban dirigidos a mí, comentarios como: vaya método, ahí está el sinvergüenza, haberle dejado que se hubiera muerto, y cosas así. Aquella mañana me trasladaron al hospital a la sección de psiquiatría, pasé el día tranquilo con las inyecciones que me pusieron. Después de cenar me quede solo en el salón de la televisión y allí empezaron otra vez los síntomas. La televisión me mandaba mensajes que yo creía que iban dirigidos a mí, entonces sentí que ni allí estaba seguro. Veía enemigos por todas las partes. Las revisiones médicas en el centro eran todos los días, las palabras del psiquiatra no las asimilaba, estaba en el mundo de la enfermedad y no sabía ni lo que estaba diciendo…

Las alucinaciones fueron otra vez a más. Recuerdo que un día cenando vi la cara de mi vecina del pueblo enfrente de mí (juro que era ella), bueno, eso creía yo. Pasados unos minutos desapareció la imagen y apareció la cara de la persona que estaba sentada enfrente, la cara que era realmente la verdadera. La televisión la dejé de ver, era una pesadilla cómo pensaba que se dirigía a mí. A todo esto con unas inyecciones durísimas, el cuerpo tenía unos temblores horribles, era insoportable, me pasaba el día sentado en los interminables pasillos.

El médico me dio esperanzas cuando me dijo que yo me iba a curar, pero yo no lo creía porque pensaba que todo lo que me pasaba era real. Allí estuve dos meses interminables, sentado, fumando, esperando a no sé qué, no veía la salida por ningún sitio. Me dieron de alta, ya estaba más tranquilo y hasta veía las cosas de otra manera.

Al mes siguiente volvieron los síntomas de la enfermedad, recuerdo que estaban arreglando una casa enfrente de la mía y pensaba que estaban poniendo cámaras para vigilarme. Eso hizo que me duchara con el bañador puesto porque me sentía observado. En una ocasión tuve otra alucinación, vi al pie de mi cama un hombrecito con las orejas grandes parecido a un gnomo. El susto que me llevé fue tremendo.

Así que mi familia al verme de nuevo en este estado, decidió que fuera otra vez al hospital. Antes habían pasado un montón de cosas. Creía que mi familia era la culpable del cabreo que tenía la gente del pueblo contra nosotros, pensaba que a mi madre en la compra la daban todos los alimentos caducados para envenenarnos. Casi dejo de comer, la carne me sabía a podrida, el pan, la sopa, la pasta… todo parecía que era veneno.

En fin, seguían las alucinaciones. Estas cosas ya antes de ingresar de nuevo se las había contado a mi psiquiatra de la SS. Él procuró que no ingresara y me dijo que iba a ser un proceso de curación largo, pero pensaba que llegaríamos a la meta.

Se me quedan muchas cosas en el tintero, espero que con esta muestra, quien lea mi relato comprenda lo que es esta enfermedad tan dura. Actualmente estoy estabilizado después de 20 años luchando contra todo esto. El tiempo se está pasando deprisa, no recuerdo exactamente cuando comprendí que las cosas no eran de la manera que yo pensaba.

Actualmente mi día a día es un continuo aprendizaje para desenvolverme mejor por la vida. La Asociación Amanecer a la que pertenezco me hace sentirme una persona valida y saber afrontar mis problemas según vienen, pero problemas reales, no ficticios como cuando tenía la enfermedad. El día a día es una lucha constante. Estoy en buenas manos para conseguirlo, solo me hace falta un poco más de tiempo para lograrlo, para superar la esquizofrenia, la ludopatía y el tabaquismo.

Mi mayor satisfacción sería que estas líneas ayudaran a las personas que se han visto o se ven en semejante trance. Os aseguro que si tomáis la medicación prescrita, veréis como poco a poco la mente se aclara y los consejos de los profesionales los vais a entender perfectamente.

Actualmente estoy en el paro, ya tengo 58 años, una edad muy difícil para encontrar empleo, pero el tiempo que paso en la asociación me tiene ocupado gran parte de la semana. Hay muchas metas todavía que superar, pero de esta enfermedad sales muy fortalecido y con una madurez impresionante. Y ya para terminar, deciros que de todo esto se sale, hay medicaciones estupendas y profesionales magníficos que te van a ayudar. No sé qué más deciros. Recibid un fuerte abrazo, y aquí me tenéis para lo que haga falta. HASTA SIEMPRE.