Un laberinto con salida

Felipe Segundo Soler Plantinga

Yo estudiaba la carrera de Derecho, todo iba bien, estaba terminando pero la ansiedad y el estrés me jugaron una mala pasada. Estando en quinto de carrera y con el Plan Bolonia pisándome los talones (este plan se estaba implantando y si no terminaba a tiempo la carrera, tendría que volver a cursar asignaturas de primero, o sea, volver a empezar) el agobio de verme en esta situación, me llevo a mi primer brote psicótico. La suposición de persecuciones y el insomnio hicieron que mis padres me llevaran a una psicoclínica. Allí me diagnosticaron esquizofrenia paranoide y me recetaron un medicamento; comencé a tomar este medicamento y la cosa fue a mejor: el insomnio y las alucinaciones desaparecieron, pude seguir estudiando y terminar la carrera.

Después fue pasando el tiempo y dejé de tomar este medicamento.

Me puse a trabajar con mi padre en la abogacía y a impartir clases de apoyo escolar a niños. Todo parecía ir bien, pero al poco tiempo comencé a oír voces extrañas en mi interior, es una sensación muy desagradable oír una tercera voz que no es la tuya, no recuerdo ya lo que decían; durante un tiempo estuve así hasta que se produjo el fallecimiento de mi padre. Yo necesitaba alejarme de donde vivía y sufrí mi segundo brote psicótico. Me marché a Pamplona, lejos de mi casa, durante tres días estuve por el norte de España sin avisar a familiar alguno, lo cual produjo una considerable inquietud en mi madre, pero después regresé a casa.

Otro duro golpe me deparaba el destino, una vez en casa y pasado algún tiempo, mi madre sufrió cáncer de páncreas. Después de una dura operación y del tratamiento contra esta enfermedad, mi madre murió a los seis meses y yo, desgraciadamente, caí en diálisis, un fallo renal me obliga a estar enganchado a una máquina (que hace las veces de riñón) durante tres días por semana.

Estando en el hospital me encontré con mi psiquiatra, me conoció enseguida:” ¿Qué tal estás?”. “No muy bien”, le contesté. Me recetó un nuevo tratamiento. Fui mejorando poco a poco. Las alucinaciones, el insomnio, las obsesiones y las extrañas voces desaparecieron.

A día de hoy me encuentro estable gracias a la medicación y al trabajo psicosocial que llevo a cabo en mi asociación. Con un correcto tratamiento y con un seguimiento por parte de profesionales se pueden superar los problemas de esquizofrenia.